‘Autorretrato’

Obra de la semana #259

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La obra de la semana es el Autorretrato (hacia 1920) del pintor Francesc Gimeno i Arasa, que nació en Tortosa en 1858 y murió en Barcelona un día como hoy de 1927.

Francesc Gimeno es una de las figuras más insólitas del arte catalán de finales del siglo XX. De origen humilde, vivió casi siempre en una situación económica muy precaria que dificultó su formación y su trayectoria en el mundo del arte. Estas adversidades, unidas a un carácter solitario y distante, harán que Gimeno quede totalmente al margen de los ambientes artísticos de la época y pinte y dibuje con un lenguaje propio e independiente, desligado de los corrientes y estilos que predominaban en cada momento, ya fuera el Modernisme o el Noucentisme.

Una auténtica obsesión por el autorretrato
El dibujo que presentamos hoy es uno de los más de 200 autorretratos que Francesc Gimeno se hizo a lo largo de su vida, una cifra excepcional e insólita que convierte al artista de Tortosa en uno de los más prolíficos en la historia de este género. Esta obsesión por autorrepresentarse se explica, en parte, por sus circunstancias personales: la falta de recursos y encargos hizo que el pintor se limitara a representar la realidad más inmediata que lo envolvía. En el caso del paisaje, vistas de cerca de su casa en Barcelona y de los pueblos a los que estaba vinculado familiarmente. En el caso de la figura humana, Gimeno retratará de forma reiterada y persistente a su mujer, sus hijos y muy especialmente a si mismo.
Un autorretrato expressionista y contundente
Este autorretrato al carboncillo nos muestra al artista en los últimos años de su vida, un período donde la tendencia a autorepresentarse será especialmente acusada. Gimeno se ha dibujado de busto vestido con una camisa clara y la cabeza desnuda, un detalle relevante ya que a menudo se retrataba con sombreros.

El pintor tiene la mirada desviada y la cara seria, una expresión habitual en sus autorretratos, ya que no hay ninguno donde se intuya ni la más mínima sonrisa. A diferencia de otras obras, sin embargo, la actitud que transmite no es ni arrogante ni derrotada, sinó neutra, sin sentimiento.
 
Utilizando sólo un carboncillo, Gimeno se ha dibujado con trazos enérgicos y muy marcados que llenan todo el papel y se recrean con fruïción en su rostro viejo y demacrado, dotándolo de una extraordinaria expresividad. La contundencia del sombreado y del intenso juego de líneas, que marcan todos los surcos y arrugas del viejo sin esconder o disimular ninguno, son un muy buen testimonio del realismo contundente y descarnado que caracteriza la obra de Gimeno y que provocaba un rechazo en muchas de las personas que observaban sus creaciones. El público bienpensante se escandalizaba con sus obras, que consideraba groseras y de mal gusto. El escritor Josep Pla, que dedicó a Gimeno una de las similitudes de su obra Homenots, definió su estilo como “realismo proletario”, vinculando el lenguaje descarnado del pintor con su posición social, seguramente la más humil de todos los artistas catalanes de principios del siglo XX que han conseguido con los años un cierto reconocimiento.

 

Más información de la obra, aquí.

 

Martí Casas i Payàs (@tinet2puntzero)

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