‘Le bal blanc’

Obra de la semana #263

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La obra de la semana es Le bal blanc (hacia 1900), del pintor modernista Hermen Anglada (1871-1959).

Le bal blanc nos sumerge en la atmósfera densa, deslumbrante e irreal de los locales de ocio nocturno de la bohemia de París a finales del siglo XX. En una de las famosas salas de baile del barrio de Montmartre, donde los habitantes de la capital francesa se mezclaban y divertían hasta la madrugada, una decena de mujeres vestidas totalmente de blanco con ropas elegantes se mueven animadamente por la pista, envueltas por el ambiente luminoso y cargado del local. La intensa claridad que baña el centro de la sala y las figuras femeninas que danzan contrasta con la oscuridad casi absoluta del fondo, que tiñe de negro la parte superior del cuadro. El movimiento de los cuerpos, el deslumbramiento de la luz y la atmósfera espesa y neblinosa que llena el espacio difuminan los contornos de las figuras y del entorno, que acontecen difusos y borrosos a ojos del espectador.

El pintor de la noche parisina

Esta pequeña obra maestra pintada al óleo sobre madera es uno de los numerosos cuadros que Anglada Camarasa dedicó a la noche parisina, con una mirada centrada sobre todo en las mujeres que se movían y participaban en bailes y fiestas. El pintor catalán había llegado a París en 1894 y enseguida se sintió atraído por el ambiente de la bohemia nocturna que tanto había cautivado anteriormente los impresionistas y los artistas catalanes de la primera generación modernista. Unas fiestas, unos locales, un ambiente y una gente que unos y otros habían inmortalizado en sus obras con estilos, visiones y espíritus diferentes. Anglada Camarasa huirá del tul melancólico e incluso sórdido que le habían dado algunos de estos artistas, desde Degas y Tolouse-Lautrec hasta Casas y Rusiñol, e intentará reflejar en sus cuadros la elegancia, la sofisticación y el erotismo de los personajes femeninos que se encuentra y la singular atmósfera donde se mueven.

 

Hermen Anglada Camarasa, Le bal blanc, cap a 1900. Museu Nacional d'Art de Catalunya, dipòsit de l'Estat Espanyol. VEGAP 2021

 

Un estilo atrevido y sugerente

Para retratar estos ambientes y figuras, Anglada Camarasa opta por un lenguaje osado, colorista y luminoso, donde los contornos se desdibujan y las manchas de tonalidades intensas y contrastadas dominan totalmente la composición. Con este estilo vaporoso y difuminado el pintor consigue captar como nadie la iluminación fantasmagórica y las atmósferas densas e irreales de los locales de ocio nocturno, con el aire cargado de música, alboroto, humo y alcohol. Le bal blanc es un buen ejemplo de la maestría de Anglada Camarasa en la representación de estos ambientes. Las formas vaporosas de los trajes y de las carnaciones de las mujeres que bailan, tan intensamente iluminadas que parecen casi tan blancas como las ropas, contrastan con la negrura del fondo y con los puntitos amarillos suspendidos en el aire a media altura. Unos puntos resueltos con pinceladas pastosas y vibrantes que evocan las numerosas lámparas de luz artificial que iluminan la pista y separan la zona con luz de la que se encuentra en penumbra.

Las obras que Anglada Camarasa dedicó a la noche parisina tuvieron un éxito extraordinario en el mercado artístico y convirtieron el pintor en uno de los artistas catalanes más cotizados internacionalmente en aquel momento. El buen recibimiento conseguido permitió al pintor vivir y trabajar de manera acomodada en París hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial, que acabará de repente con la Belle Epoque y llevará Anglada Camarasa a marchar de Francia e instalarse en Mallorca, donde iniciará una nueva etapa creativa.

La alegre escena de baile de Le bal blanc, muy adecuada para los días de fiesta y de celebraciones que se acercan, es la imagen escogida para el carnet de los Amics para el nuevo año 2022. Así pues, el año que viene tendréis ocasión de llevarla en el bolsillo.

 

Más información de la obra, aquí.

Martí Casas i Payàs (@tinet2puntzero)

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