‘Santa Lucía repartiendo limosna’

Obra de la semana #280

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La obra de la semana es la tabla Santa Lucía repartiendo limosna (hacia 1435), del gran pintor gótico catalán Bernat Martorell (hacia 1400 – 1452).

Esta bella tabla gótica nos muestra a santa Lucía repartiendo su herencia entre los pobres, uno de los primeros episodios de su leyenda hagiográfica. Dentro de un aposento elegante, con un pavimento ricamente decorado, vemos una bella y delicada muchacha vestida de forma muy refinada, con un largo traje verde bordado y forrado con piel y una capa carmesí forrada de armiño. La cabeza, cubierta con una elaborada ligadura estampada o bordada con motivos florales, es resaltada por una corona dorada que nos indica que se trata de la figura de una santa.

Santa Lucía sostiene un gran saco de monedas con la mano izquierda mientras con la derecha va dando limosna a una fila de personas necesitadas que esperan pacientemente que llegue su turno. En la fila vemos a hombres minusválidos (un cojo, un ciego, un hombre con el brazo inmovilizado) y a mujeres con la cabeza velada, la primera de las cuales lleva un niño pequeño en brazos. Lucía está flanqueada en su izquierda por una mujer mayor vestida con ropas más sobrias, su madre, que contempla atentamente cómo la hija hace caridad mientras sostiene con las manos otro gran saco lleno de monedas. En el otro lado de Lucía, justo en el centro de la composición, hay un joven elegante vestido con ropas ostentosas y un vistoso gorro de piel que observa la escena con estupefacción.
Una limosna que le costará la vida a Lucía
Dice la tradición que Lucía era la hija de una familia cristiana acomodada de la ciudad de Siracusa, en Sicilia. La joven había quedado huérfana de padre muy pronto y vivía con su madre, Eutíquia, que sufría fuertes dolores por culpa de una enfermedad crónica. Su curación milargorsa, después de visitar juntas en peregrinaje la tumba de santa Águeda en Catania, convenció a Lucía de consagrar su vida y su virginidad a Dios. Además, la joven persuadió a su madre para que vendieran todas sus propiedades y con el dinero obtenido dieran limosna a los pobres, siguiendo los preceptos cristianos. Esta es, justamente, la escena que vemos representada en la tabla.
A pesar de que madre e hija intentaron mantener esta operación en secreto, las noticias sobre la venta del patrimonio familiar llegaron al joven pretendiente no cristiano a quien la madre de Lucía había prometido la hija en matrimonio. Este hombre, el personaje elegante representado en el centro de la mesa, al enterarse que el dote y todos los bienes que tenía que heredar de su futura mujer se habían esfumado, denunció a Lucía ante el cónsul Pascasi acusándola de ser cristiana. Al ser llevada ante el tribunal, la chica defendió con vehemencia su fe y superó los diversos tormentos a que fue sometida gracias a la milagrosa intervención divina. Finalmente, los verdugos le clavaron una espada en el cuello y Lucía murió mártir.
Un retaule de gran qualitat fragmentat i dispersat
La tabla que presentamos constituía el compartimento superior izquierdo Lucía que actualmente se encuentra dividido y repartido en diferentes colecciones. Un coleccionista privado conserva la parte principal del conjunto, formado por la mesa central con la imagen de presentación de santa Lucía acompañada por un donante y las cuatro escenas que lo rodean, donde se puede ver la mártir ante el tribunal del cónsul Pascasi, intentando ser arrastrada por mil parejas de bueyes, apuñalada en el cuello, comulgando antes demorir y en su entierro. En el Museo Nacional se conservan los dos compartimentos superiores conocidos, el que presentamos hoy y la escena delMartirio de santa Lucía en la hoguera. Finalmente, la pradela, dedicada a la Pasión de Cristo, es propiedad de la catedral de Barcelona. Todo indica que este retablo fue encargado por el clérigo de edad avanzada que aparece retratado en los pies de santa Lucía en la mesa central, el escudo del cual está reproducido en las escenas superiores como la que presentamos, donde vemos un palacio de oro. A pesar de que se han apuntado diferentes teorías sobre la identidad del personaje, actualmente todavía no se ha podido identificar con seguridad.
A pesar de que no se conserva ningún documento que nos hable de este retablo, todos los historiadores lo han atribuido unánimemente a Bernat Martorell, uno de los mejores pintores del gótico catalán. El artista y su taller habrían realizado este conjunto poco tiempo después del retablo de san Jorge para el Palau de la Generalitat de Catalunya, su gran obra maestra, puesto que encontramos en él el mismo estilo elegante y delicado. En la tabla que presentamos se puede observar muy bien el trabajo fino de Martorell, con una pincelada pequeña y minuciosa que modela cuidadosamente los personajes y sus ropas para sugerirnos relieves y texturas. Destaca especialmente la gracilidad y la belleza con que ha sido resuelta la figura de Lucía, donde se concentran todas las atenciones del pintor. De este comportamiento también destaca la riqueza e intensidad de los colores y la originalidad de algunas soluciones, como el sombrero extravagante del prometido de la mártir.
La limosna, uno de los usos simbólicos y rituales de la moneda
La tabla que presentamos no es la única del Museu Nacional donde podemos ver a un santo dando limosna a los pobres. También encontramos una escena extraordinariamente similar en el Retablo de San Antonio Abad del Maestro de Rubió. Más allá del hecho que sea un episodio que aparece en las leyendas de ambos santos, la representación de esta escena en los retablos era relevante porque constituye una imagen ejemplificadora de la caridad cristiana, una de las principales virtudes que reconoce y fomenta la Iglesia católica. Es significativo que el perfil de las personas necesitadas que esperan para recibir limosna sea el mismo en ambas obras: hombres impedidos y mujeres solas con niños pequeños. En la Cataluña de la baja edad media, los hombres que no podían trabajar y las mujeres que no tenían la protección de un hombre, ya fuera el padre o el marido, estaban en la mayoría de casos condenados a la pobreza y a la marginalidad, puesto que no se podían ganar la vida por sí mismos y dependían de la gente que tenían alrededor. En el caso de las mujeres, la situación de vulnerabilidad se producía sobre todo cuando quedaban viudas muy jóvenes con hijos pequeños, puesto que la existencia de estos herederos sin padre que todavía eran menores de edad dificultaba que las madres se pudieran volver a casar.
 
La limosna es uno de los usos simbólicos y religiosos que tenía la moneda en la edad media. Es por este motivo que esta tabla ha sido escogida como imagen del curso Rituales, usos simbólicos y sacralidad de la moneda, que el Gabinet Numismàtic de Catalunya celebrarà en línia aquest mes. que el Gabinete numismático de Cataluña celebrará en línea este mes. Si estáis interesados, ¡todavía hay plazas disponibles!
Más información de la obra, aquí.

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