La obra de la semana es una «Base del baldaquino de Ripoll», una pieza románica tallada en el segundo tercio del siglo XII por un escultor anónimo.
Santa María de Ripoll fue el monasterio más importante y prestigioso de Cataluña durante la Alta Edad Media. Fundado en el año 880 por el mítico Guifré el Pilós, se convirtió en el panteón de las casas condales de Barcelona y Besalú y acogió uno de los scriptoria más relevantes de la Europa altomedieval. Su papel destacado le permitió dotarse de un complejo arquitectónico monumental que se fue reconstruyendo y renovando a lo largo de los siglos. Uno de los momentos constructivos más intensos tuvo lugar a principios del siglo XI, cuando la iglesia del monasterio fue rehecha en estilo románico lombardo por iniciativa del abad Oliba, que lideró uno de los grandes períodos de esplendor del cenobio. Este templo, consagrado en el año 1032, se conserva todavía hoy de manera parcial, a pesar de las destrucciones y reconstrucciones del siglo XIX.
Una obra vinculada a la reforma y embellecimiento del monasterio en el siglo XII
Cien años después del abadiato de Oliba, coincidiendo con el dominio y la protección del conde de Barcelona Ramon Berenguer IV, el monasterio de Ripoll vivió un nuevo apogeo que supuso también importantes obras de renovación y embellecimiento. Es en este momento cuando el edificio monástico se dotará de un importante repertorio decorativo de escultura monumental en piedra, un recurso ornamental prácticamente inexistente hasta entonces en Ripoll porque la arquitectura románica catalana del siglo XI casi no lo tenía.
En el segundo cuarto del siglo XII, el monasterio hará construir, en primer lugar, la magnífica portada esculpida que todavía se conserva actualmente y que debía servir de nueva entrada monumental a la basílica levantada por Oliba cien años antes. Poco después, también se empezará a levantar el primer ala del claustro y se reformará el presbiterio con un nuevo pavimento de mosaico y un gran baldaquino esculpido, del cual habría formado parte la obra que presentamos hoy.
Una de las cuatro bases monumentales de piedra esculpida
Esta pieza de piedra tallada es una de las cuatro bases monumentales románicas de formas y estilos muy similares que se conservaban en el monasterio de Ripoll y que fueron depositadas en el MNAC por el obispado de Vic en el año 2011. Todas nos han llegado muy rotas y una se conserva solo de manera parcial. Aun así, allí donde no han sido mutiladas el relieve esculpido se ha mantenido en bastante buen estado y permite observar que se trata de una talla fina y precisa de gran calidad. Aunque las bases tienen diseños decorativos diferentes, sus medidas análogas y las grandes similitudes compositivas, decorativas y estilísticas hacen evidente que formaban parte de un mismo conjunto.
Las cuatro bases están formadas por un zócalo cuadrado de unos 46 centímetros de lado y unos 10 centímetros de altura que tiene la esquina superior biselada en ángulo. Sobre el zócalo se dispone una moldura convexa de perfil semicircular, conocida con el nombre de toro, que está decorada con un relieve en forma de tiras entrelazadas. El dibujo de este motivo ornamental cambia en cada base, pero en todas tiene forma de entrelazados.
Por encima de esta moldura se dispone una escocia muy desarrollada, que en las bases mejor conservadas tiene casi 30 centímetros de altura, con una decoración figurativa en alto relieve donde se representan hombres y leones de manera alterna. Finalmente, las bases se completaban con un bocel plano de 5 centímetros de altura y unos 28 de diámetro que solo se ha conservado entero en dos de las cuatro piezas. En total, las cuatro bases tenían originalmente una altura de 54 centímetros.
Una pieza decorada con la figura de un hombre sentado entre dos leones
La obra que presentamos, conocida como base A, se singulariza de las otras tres por la decoración esculpida de la escocia, donde se ha representado un hombre sentado que se abraza a las patas delanteras de dos leones que lo flanquean a ambos lados. Como hemos comentado antes, todas las bases nos han llegado muy rotas y mutiladas, de manera que el hombre ha perdido la cabeza y solo vemos el cuerpo, que está sentado adoptando la forma cóncava de la escocia y aparece vestido con una túnica larga y suntuosa, decorada con relieves que evocan bordados en el cuello y en los bordes. El hombre va descalzo y sus pies desnudos, bien perfilados, reposan sobre el borde biselado del zócalo.
Los dos leones que flanqueaban al hombre a ambos lados también se conservan de manera muy fragmentaria a causa de las numerosas roturas. Del de la izquierda prácticamente solo nos han llegado una pata trasera y otra delantera, sobre la cual aparece la mano del hombre que la agarra, tallada en relieve. El león de la derecha ha conservado mejor el cuerpo pero también tiene parte de las patas y la cabeza rota. En la colección de arte románico del MNAC, sin embargo, se conserva desde sus inicios una cabeza de león seccionada de gran calidad que en el año 2001 Jordi Camps, entonces conservador del museo, puso en relación con la base A de Ripoll, apuntando la posibilidad de que se tratara de la cabeza perdida del león de la derecha. Aunque las líneas de rotura no coinciden, tanto la orientación de la testa, girada hacia la derecha, como la factura y el estilo de las dos piezas se corresponden perfectamente, de modo que cuando el obispado de Vic cedió en depósito estas obras al museo, la base A y la cabeza del león empezaron a exponerse conjuntamente.
De la testa del león procedente del antiguo fondo del museo destaca la fuerte caracterización de sus rasgos anatómicos, especialmente los ojos y la boca. Los primeros, grandes y globulosos, tienen una notable expresividad gracias a las pupilas negras, hechas con fragmentos de plomo incrustados, y a las cejas grandes y fruncidas que le dan una apariencia feroz. Bajo la nariz prominente, parcialmente mutilada, encontramos una boca amplia con unos labios gruesos, decorados con incisiones paralelas, que se abren para enseñar los dientes bien serrados en un gesto amenazador. El artista también ha trabajado con bastante atención la cabellera, definida a partir de líneas verticales.
Una decoración que alterna la representación de hombres y leones
A diferencia de la base A, que es la que presentamos hoy, en la llamada base D vemos una escocia con un motivo decorativo parecido pero invertido, con la cabeza y las patas de un león que sobresale en el centro de la pieza, flanqueado a ambos lados por dos hombres sentados.
La decoración figurativa de las bases de Ripoll no parece tener un sentido narrativo, aunque varios historiadores han apuntado la posibilidad de que la pieza que presentamos hoy sea una representación del milagro de Daniel en el foso de los leones, cuando este profeta del Antiguo Testamento fue arrojado a un subterráneo lleno de estas bestias y las fieras no le hicieron ningún daño porque Dios lo protegió.
La alternancia decorativa que encontramos en estas dos bases también se mantiene en las otras dos, con un diseño diferente y más deterioradas, pero con una figuración todavía reconocible. Una de ellas tiene los ángulos decorados con figuras humanas sentadas, aunque con la espalda recta, no reclinada siguiendo el perfil de la escocia. En la cuarta, en cambio, las esquinas están decoradas con leones sentados dispuestos de espaldas al espectador, de modo que tienen el trasero y las patas traseras apoyadas sobre el zócalo mientras la cabeza y las patas delanteras reposan sobre el bocel que culmina el extremo superior de la base.
La decoración figurativa de las bases de Ripoll no parece tener un sentido narrativo, aunque varios historiadores han apuntado la posibilidad de que la pieza que presentamos hoy sea una representación del milagro de Daniel en el foso de los leones, cuando este profeta del Antiguo Testamento fue arrojado a un subterráneo lleno de estas bestias y las fieras no le hicieron ningún daño porque Dios lo protegió. Si este fuera realmente el tema representado en esta base, sin embargo, habría que ver cuál sería el de las otras y por qué se habrían representado aquí, ya que tal como apunta Begoña Cayuela en el catálogo de la exposición El románico y el Mediterráneo, «la iconografía medieval está al servicio de la funcionalidad litúrgica».
Lo más probable es que las representaciones figurativas que encontramos en las bases de Ripoll sean meramente ornamentales, ya que la interacción entre hombres y leones es un tema habitual en los repertorios decorativos que permite además una gran diversidad de representaciones y se puede adaptar fácilmente a cualquier contexto y formato. De hecho, escenas similares las encontramos también en los capiteles del claustro de Ripoll, con cuyo estilo están emparentadas las bases. Por eso, la mayoría de los historiadores consideran que el equipo de escultores y canteros que estaban construyendo el ala románica del claustro son también los responsables de la talla de las piezas que presentamos hoy. Un taller escultórico que tiene vínculos estilísticos tanto con la gran portada esculpida de Ripoll, unos años anterior, como con los capiteles de los talleres del Roselló y con la decoración de la catedral románica de Vic.
Las bases de un gran baldaquino único en Catalunya
Uno de los grandes misterios de las bases románicas del monasterio de Ripoll es de qué monumento o conjunto decorativo habrían formado parte. Como hemos dicho, la hipótesis más plausible, fijada ya a mediados del siglo pasado, es que formarían parte de un gran baldaquino de piedra que se habría levantado sobre el altar mayor para sustituir uno anterior de la época de Oliba, aprovechando la reforma del presbiterio. De haberse conservado, este mueble litúrgico monumental sería único en Cataluña, ya que no nos ha llegado ninguno similar ni hay documentados de estas características. Al requerir unas bases de piedra de estas dimensiones, seguramente era una estructura toda tallada en piedra y muy pesada que podría recordar la forma y la disposición de algunos baldaquinos románicos italianos también hechos íntegramente de piedra tallada. En el monasterio de Ripoll se conservan fragmentos escultóricos aislados que algunos autores, como Xavier Barral i Altet, han intentado relacionar con este gran baldaquino perdido, aunque no está claro que provengan también de esta estructura.
Una de las obras protagonistas de las nuevas visitas de La colección en un bocado
La obra será una de las protagonistas de la visita que haremos los Amics este mes y el próximo en las salas del museo para conocer la escultura románica de las colecciones del MNAC.
Este año los Amics disfrutamos de un 50 % de descuento mostrando el carné de los Amigos para las pruebas eliminatorias y en determinadas localidades del Palau durante la Gran Final.
La obra artística de Elsa Plaza, muy vinculada a publicaciones periódicas y al movimiento feminista, ha empezado a formar parte de la colección de diversos museos en los últimos años.
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