La obra de la semana es Eva tentada, del pintor barroco florentino Francesco Montelatici, más conocido como Cecco Bravo (1607-1661).
Eva, la primera mujer, es una de las figuras capitales del primer libro de la Biblia, el Génesis, donde se explica el origen y la creación del mundo. Según este relato compartido por las tres grandes religiones monoteístas, Dios creó a Eva a partir de una costilla de Adán, el primer hombre, para que fuera su esposa y compañera en el jardín del Edén, el paraíso donde los había dispuesto después de crear el mundo en siete días. Dios dio este mandato a Adán:
«- Puedes comer de los frutos de todos los árboles del jardín. Pero no comas el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, porque el día que comas de él, ten por cierto que morirás.»
Eva, protagonista del pecado original
La serpiente, «el más astuto de todos los animales que el Señor-Dios había hecho», incitó a Eva a probar los frutos del árbol prohibido porque, según ella, si comían de él no solo no morirían sino que «se os abrirán los ojos y seréis como dioses: conoceréis el bien y el mal». Eva, tentada por conseguir aquel conocimiento, y viendo que el fruto era agradable a la vista y apetecible, lo cogió y comió de él. También dio a Adán. Entonces, a ambos se les abrieron los ojos y se dieron cuenta de que estaban desnudos. Avergonzados, se cubrieron con hojas de higuera cosidas.
Cuando Dios supo que Adán y Eva habían probado el fruto del árbol prohibido, primero maldijo a la serpiente por haber incitado a la mujer a pecar y la condenó a arrastrarse sobre el vientre y a comer polvo toda la vida. Después castigó al primer hombre y a la primera mujer por haber desobedecido el único mandato que les había dado. A ella le dijo que a partir de entonces pariría a los hijos con dolor, y a él lo condenó a ganarse el pan con el sudor de su frente, trabajando la tierra con fatiga para poder obtener de ella los alimentos hasta el día de su muerte, «porque eres polvo, y al polvo volverás».
Una Eva solitaria totalmente desnuda y en penumbra
El hecho de que Eva haya sido considerada históricamente como la culpable de este primer pecado o pecado original, haciendo que toda la humanidad después de ella naciera con esta mácula, ha provocado que haya sido una figura a menudo mal vista por la Iglesia y sus creyentes. Su protagonismo y papel capital en el libro del Génesis y en el origen del mundo también ha propiciado que Adán y Eva hayan sido representados muy a menudo en la iconografía cristiana, como vemos en la obra que presentamos hoy.
La pintura de Cecco Bravo nos muestra a Eva de pie y totalmente desnuda. Su cuerpo de piel clara y tonalidades pálidas se destaca y sobresale en medio de la oscuridad casi absoluta que la rodea. La primera mujer tiene una larga cabellera rubia que le llega hasta más abajo de la cintura y con la cual se cubre el pubis, sosteniendo delante un mechón de cabellos con la mano izquierda. Eva tiene la cabeza y el busto girados hacia su izquierda, de manera que su rostro serio, que vemos de perfil, queda medio en penumbra. Con la mano derecha sostiene el tallo de una higuera, que debemos interpretar como uno de los frutos del árbol del conocimiento del bien y del mal que tenían prohibido tocar y comer. Por lo tanto, el pintor ha representado uno de los momentos culminantes de este episodio, cuando Eva ya se ha dejado convencer por la serpiente y toma los frutos del árbol prohibido para comer de ellos y así adquirir el conocimiento que le ha prometido el animal.
Aunque habitualmente el fruto del árbol prohibido se representa en forma de una manzana, el libro del Génesis no dice en ningún lugar cómo eran sus frutos. En cambio, sí se indica que Adán y Eva, después del pecado original, se cubrieron con hojas de higuera.
Una pintura mutilada que nos ofrece una composición singular
Las figuras de Adán y Eva y la escena del pecado original han aparecido en el arte cristiano desde tiempos antiguos, pero a partir del Renacimiento su representación alcanzará una notable popularidad. La iconografía más difundida nos mostrará al primer hombre y a la primera mujer de pie y desnudos en posición frontal respecto al espectador, a menudo con el árbol del conocimiento y la serpiente tentadora situados entre ambos, justo en el centro de la composición, o en un lado. Así lo vemos, por ejemplo, en las célebres pinturas de Masolino da Panicale, Albrecht Dürer, Tiziano o Peter Paul Rubens, entre muchas otras. Este tema y estos personajes permitían a los artistas recrearse en la representación del desnudo y de la anatomía humana, uno de los aspectos más valorados en el arte de la época moderna.
Eva tentada llama la atención por el hecho de mostrarnos solo a uno de los dos miembros de la pareja cuando está a punto de cometer el pecado original. Si la obra hubiera sido concebida así desde el principio por el artista, nos encontraríamos ante una pintura de composición muy original, incluso conceptualmente muy moderna, ya que centraría todo el protagonismo solo en la figura de la primera mujer. Cuando la pintura fue restaurada por última vez, sin embargo, en la parte inferior del lienzo apareció pintada la cola de una serpiente, separada y seccionada del resto del cuerpo. Este detalle hizo evidente que, en algún momento del pasado, el lienzo fue recortado de manera drástica dejando solo la figura de Eva. La composición original del cuadro, por lo tanto, incluía la figura de Adán y el árbol con la serpiente, siguiendo la iconografía habitual de la pintura de época moderna. Precisamente, en el año 1988 se subastó en Milán una copia antigua de la versión completa de este cuadro que ha permitido conocer cómo era la configuración inicial de la obra antes de ser mutilada.
Una obra maestra del artista florentino Cecco Bravo
La obra que presentamos pasó a formar parte de los fondos del MNAC gracias al legado del político y coleccionista Francesc Cambó, que la donó al museo junto con buena parte de su colección. Según explica el historiador del arte Giovanni Romano, cuando Cambó adquirió Eva tentada, hacia 1928 o 1929, el lienzo estaba atribuido a Correggio, el pintor más destacado de la escuela de Parma. Estudios posteriores permitieron corregir esta primera autoría y situaron la pintura bajo la órbita del pintor florentino Francesco Montelatici, conocido con el sobrenombre de Cecco Bravo, un artista apreciado y reconocido sobre todo por las obras y ciclos murales realizados al fresco, una técnica que conocía muy bien, pero que también cuenta con una producción destacable de pinturas sobre lienzo que se han ido estudiando, redescubriendo y revalorizando.
Los lienzos de Cecco Bravo destacan por el uso de una pincelada suelta y difuminada que da al contorno de las figuras una apariencia mórbida y vaporosa. Este es, precisamente, uno de los rasgos destacados de la obra que presentamos. La figura de Eva emerge de la penumbra iluminada tenuemente por una luz que resalta suavemente sus carnes blancas, dándoles una textura etérea y delicada llena de sensualidad. La forma de trabajar el cuerpo femenino desnudo que vemos en esta pintura se ha comparado con otras obras del mismo autor que nos revelan un tratamiento muy similar que hace muy verosímil la atribución a Cecco Bravo. Basta con ver las numerosas afinidades estilísticas entre Eva tentada y el desnudo femenino de Angélica y Ruggiero, una de las pinturas sobre lienzo más reconocidas de Montelatici.
Una de las obras que se comentarán en el ciclo dedicado al desnudo
Eva tentada será una de las obras protagonistas del ciclo Un género controvertido, el desnudo, que Mercè Riera conducirá esta semana en línea y la próxima de manera presencial en las salas del museo. Aún quedan algunas plazas disponibles. ¡No os lo perdáis!
Carme de Febrer (amiga n.º 4717) nos explica en esta crónica cómo fue su experiencia durante el viaje a Londres que realizamos los Amics durante el mes de mayo.
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